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Placeres secretos. Bares clandestinos
Jamás subestime la emoción de los peligroso, lo prohibido o, al menos, lo ligeramente secreto.
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Se calcula que a mediados de la década de los veinte, durante la fase más dura de la ley seca, tan solo en la ciudad de Nueva York, había más de cien mil speakasies, bares clandestinos que vendían bebidas prohibidas. En la Nueva York actual, los hastiados citadinos que siguen las modas acuden a las tabernas clandestinas modernas, bares seudosecretos que no son precisamente ilegales pero que poseen la vibra de los sitios encubiertos, números telefónicos secretos y clientela exclusiva.
En la franja central de Nueva York, alrededor del SoHo, el Village (este y oeste) y el bajo Lado Este, abundan estos abrevaderos clandestinos si uno sabe dónde buscar o a quien preguntar. Desde luego, no siempre es tan simple como saber dónde están; no tendría chiste.
En algunos su nombre debe figurar en la lista; en otros usted debe saber el constantemente número telefónico para poder hacer una reservación, e incluso en algunos más usted debe dejar su número de teléfono en la entrada y esperar ansiosamente a ver si se dignan devolverle la llamada, mientras que en los bares más igualitarios todo es cuestión de llegar cuando hay una mesa libre. Muchos no permiten que los clientes permanezcan de pie.
En La Esquina / The Corner (Kenmare 106, entre Lafayette y la plaza Cleveland, SoHo, Tel +646 613 7100) no sólo es difícil hallar el bar, sino que resulta prácticamente imposible entrar si no se tiene reservación. Acérquese a la taquería / Deli y verá un pequeño y modesto local de comida rápida mexicana. Quizá la única pista que indica que hay más de los que se ve, es un portero sentado ante una puerta gris que dice “Employees only” (Sólo empleados).
Si tiene suerte de estar en su lista y ser aprobado, le permitirán trasponer la puerta gris y lo conducirán a una escalera que desciende, al cabo de la cual usted emergerá, parpadeando, en la cocina, en una escena reminiscente de Buenos Muchachos. El personal de la cocina, que evidentemente está habituado a dar indicaciones a los asombrados clientes que acuden por primera vez, le señalarán un oscuro, estrecho y tortuoso corredor que lo llevará hasta el bar-restaurante que tiene el aspecto de un calabozo.
Entre las especialidades de The Corner hay exclusivos platillos mexicanos y una extensa variedad de tequilas y mezcales que usted puede degustar en compañía de los clientes habituales, como el actor Zach Braff y el cantautor John Mayer. El bar funciona desde hace unos tres años pero, sorprendentemente para Nueva York, ha consevado su atractivo clandestino. Ello puede deberse al hecho de que, a menos que usted sea cliente habitual, las reservaciones para la cena deben hacerse con tres semanas de anticipación, y con frecuencia lo único que se logra conseguir es en los horarios de las 6 pm o las 11 pm, socialmente menos atractivos.
La entrada al Back Room (calle Norfolk 102, entre Delancey y Rivington, Bajo Lado Este, Tel +212 228 5098) es aún menos salubre, y se le puede perdonar que haya pensado que alguien quiera atraerlo a un callejón oscuro para robarle su cartera, en lugar de invitarle un coctel en un bar exclusivo.
Al llegar al conjunto de departamentos de aspecto derruido, rodeado de bolsas de basura, aparece una gran reja de metal con un letrero que dice “Lower East Side Toy Company” (Compañía de juguetes del Bajo Lado Este). Pase la reja y descienda las escaleras hacia el pasillo oscuro; la entrada es la puerta que se encuentra justo frente a usted. Nosotros probamos varias puertas cerradas antes de que la correcta se abriera para dejarnos pasar.
Este es un espacio más grande que muchos de los otros bares encubiertos; tiene piso de duela, una consola de DJ y se baila, y también se puede reposar en las bancas del bar. Fiel a sus raíces de bar soterrado, sirve los cocteles en tazas de te. Aquí no se sirven alimentos.
Una de las recientes adiciones al panorama del siglo XXI de las tabernas furtivas en Nueva York es el atinadamente llamado PDT (Please Don’t Tell, Por favor no digas, St. Mark 113, entre la Primera y Avenida A, East Village). Entre en el local llamado Crif dogs, que vende hot dogs, a mano izquierda encontrará una puerta de madera y vidrio que se parece un poco a una caseta telefónica. Entre y presione el botón del intercomunicador; a mí me hizo sentir como Harry Potter tratando de acceder al Ministerio de Magia.
Así alertado, el barman entreabrirá la puerta y decidirá si usted es el tipo de cliente que quiere y si hay espacio en el puñado de mesas (es un sitio para estar sentado). Si pasa esta prueba, será admitido en un pequeño e íntimo bar con muros que dejan ver los ladrillos y una impresionante colección de licores.
El PDT también tiene dos grandes ventajas que lo distinguen de otros bares clandestinos: abre los domingos y en la parte trasera tiene su propia área privada para fumar, así que usted no tiene que abandonar el bar para encender un cigarrillo; algo que ciertamente agradecen los fumadores en Nueva York.
Y aún hay muchos más s se tiene el tiempo y la disposición de buscarlos, pero si realmente desea experimentar esa vibra de secrecía y clandestinidad, asegúrese de guardarse esa información.











