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Bronceado efectivo sin dañar tu piel
Exponerte al sol durante tus vacaciones, requiere de ciertos cuidados. Checa estos tips para lograr el bronceado perfecto.
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La pasión por la piel dorada la inició Coco Chanel en los años 20, cuando liberó a la mujer del milenario mito estético de la palidez. Desde entonces, lucir un hermoso color canela se ha convertido en símbolo de belleza, salud, juventud y hasta status. Pero lograrlo sin las debidas precauciones supone todo lo contrario, ya que puede provocar en la epidermis envejecimiento prematuro, flacidez, alergias e incluso cáncer.
Eso no significa que debas eliminar al sol de tu vida, porque es indispensable para la salud, tanto física como psicológica, ya que es capaz de alegrar hasta al espíritu más alicaído. Por ello, para disfrutar de sus beneficios sin problemas y adquirir un atractivo bronceado sólo es necesario estar consciente de que prevenir es mucho mejor que curar.
¿Sabes broncearte de forma correcta?
¿Dejas que sus rayos hagan estragos en tu piel? Contesta el siguiente test y descubre los riesgos o beneficios que obtienes del sol. En función de tus respuestas sabrás si lo disfrutas en forma saludable y embellecedora o, por desconocer sus riesgos, éste va realizando estragos en tu epidermis, a los que deberás enfrentarte ahora o a largo plazo.
Contesta "sí" o "no", después de cada oración.
1. Tienes el hábito de tomar el sol entre las 12 del mediodía y las tres de la tarde, porque crees que es cuando mejor color toma tu piel.
2. Cuando vas a la playa, tu único ejercicio consiste en tumbarte y cambiar cada cierto tiempo de posición.
3. Guardas tus bronceadores de un año para otro.
4. Después de bañarte, no vuelves a aplicarte crema bronceadora para salir.
5. Crees que en el campo o en la montaña no es necesario usar protector solar.
6. No usas gafas de sol mientras te bronceas, ya que te quedan marcas alrededor de los ojos.
Si has contestado "sí" a la mayoría de las preguntas recapacita y atiende los siguientes consejos, que te permitirán disfrutar los beneficios del astro rey. Tu cutis te lo agradecerá.
¿Qué tanto resistes al sol cuando te bronceas?
El bronceado se debe a que nuestra piel contiene unas células denominadas melanocitos, que cuando son estimuladas por el sol producen un pigmento llamado melanina. Esta proporciona color y una cierta protección ante la exposición solar. No todas las personas tienen la misma facilidad para liberarla, de ahí que unas se pongan morenas y otras se quemen. Dependiendo de la resistencia de la epidermis se habla de distintos fototipos. Conocerlos permite elegir los productos adecuados para protegerla. Investiga qué tanto te afectan los rayos solares.
Fototipo I: Piel clara, pecosa, sensible, seca. Se quema y no se broncea. Requiere de los índices más altos de protección, del 30 o más.
Fototipo II: Piel clara, mixta. Primero se broncea ligeramente pero es vulnerable a las quemaduras. También necesita un índice de protección alto.
Fototipo III: Piel morena; se broncea bien, a veces se quema. Su índice de protección es medio, 15-20.
Fototipo IV: Piel gruesa de tono oliva, se broncea fácilmente y casi nunca se quema. Puede utilizar un índice de protección bajo: 10, 8, 6.
¡Cuidado con los rayos del sol!
Si eres de las que creen que el sol es inocente, debes saber que de todas las radiaciones que emite, hay tres que afectan al ser humano de forma directa.
Infrarrojos: ¡Qué calor! Deshidratan y dan sensación de acaloramiento a la piel. Provocan dilatación y ruptura de capilares, lo que puede causar varios problemas circulatorios.
UVA: Generan arrugas a largo plazo. Brindan un bronceado superficial inmediato, pero atacan a las fibras de colágeno y elastina, lo que se traduce en pérdida de elasticidad de la piel y formación de arrugas.
UVB: ¡Ay, que me quemo!
Estimulan la melanina y después de 48 horas dan origen al bronceado duradero. Son los responsables de las quemaduras o eritemas solares, irritaciones y melanomas.
Zonas del cuerpo sensibles al bronceado
Nariz, hombros, empeines y rodillas. Se queman con facilidad asombrosa porque su epidermis es bastante menos resistente que la del resto del cuerpo.
Las orejas y el contorno de los ojos tienen la piel fina y pocas glándulas sebáceas, por ello son un terreno abonado para los rayos ultravioleta. Los labios también carecen de capa córnea, es decir, la primera barrera protectora. Los glúteos, por estar siempre cubiertos, también son vulnerables a las quemaduras.
Reglas de oro para el bronceado
* La calidad y duración de tu bronceado dependerá de cómo te protejas y programes los tres primeros días que te muestres al sol. Al principio las exposiciones deben ser progresivas y cortas, en dosis de 10, 15 y 20 minutos, preferentemente en movimiento.
* Tiéndete donde corra suficiente brisa, eso evita que los rayos lleguen directo a tu cuerpo.
* No permanezcas tumbada durante mucho tiempo. Moverte permitirá un bronceado más uniforme.
* Evita problemas oculares y aparición de arrugas: usa gafas con cristales que filtren los rayos.
* Los riesgos de quemaduras aumentan entre las 11 y 15 horas, cuando la acción nociva del sol se potencia.
* Aunque se esté bajo una sombrilla, la arena refleja en 25 por ciento las radiaciones ultravioleta. Incluso si está nublado, la intensidad de los rayos es igual a la de un día despejado.
Para evitar ese amorodio entre la piel y el astro rey existen los bronceadores, que te permiten disfrutarlo sin temor.
Antes de asolearte...
Prepara la piel. Es imprescindible para favorecer una coloración homogénea y duradera.
Exfolia. Elimina células muertas y deja la epidermis pareja y suave.
Hidrata. Aplica a diario crema hidratante, para mantenerla con un nivel óptimo de humedad.
Broncearte sin quemarte
Éste es el objetivo de los bronceadores, que incorporan en sus fórmulas filtro solar, estimulan la melanina, hidratan, nutren y suavizan la piel. Optimizan las defensas naturales y la protegen contra las arrugas y la pérdida de firmeza, además de proporcionar un color uniforme y duradero. La cantidad adecuada es media cucharadita por cada parte del cuerpo. Lo debes poner 30 minutos antes de asolearte, reaplicarlo cada hora y después de bañarte, transpirar o secarte con la toalla.











