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Cría hijos felices con inteligencia emocional
Este concepto te permitirá tener hijos seguros de sí mismos, respetuosos y libres. Evalúa tu forma de educar y sé mejor guía.
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Si eres papá o mamá, seguramente has imaginado un mundo perfecto para tu hijo. Quieres que crezca saludable, que tenga seguridad en sí mismo y que sepa comunicar sus emociones, que tenga tal nivel de autoconocimiento, que pueda tomar decisiones correctas para sí mismo, todo esto con la finalidad de que tenga una vida plena. ¿Sueño o realidad?
Lograr todas estas cualidades y habilidades es posible siempre que desde pequeño cultives en él su poder de decisión, la empatía, el autoconcepto, la autoestima, la asertividad y le promuevas las relaciones interpersonales. Suena muy lindo pero ¿cómo hacerlo? Pues con inteligencia emocional.
En el campo del desarrollo humano existe este concepto que generalmente creemos que se trata de sentimientos y que nada tiene que ver con aspectos académicos, profesionales o con el logro del éxito o la felicidad real en la vida. Sin embargo, en los últimos 20 años, la inteligencia emocional ha estado vigente y ha cobrado una importancia mayor tanto en el desarrollo laboral y profesional, como en el proceso de aprendizaje en la escuela.
La inteligencia emocional es el conjunto de destrezas, actitudes, habilidades y competencias que marcan la conducta de un individuo, su comportamiento y sus reacciones. Daniel Goleman, reconocido psicólogo estadounidense, la define textualmente como “la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones”.
Los niños interactúan con los adultos, por lo que es indispensable que como tal, sepas guiar a tu hijo en el desarrollo de esas habilidades emocionales que les permitirán a los pequeños, conceptuar y entender las propias emociones y las de otras personas.
Te invitamos a autoevaluarte a través de este cuestionario para que identifiques si estás orientando correctamente a tu hijo en ciertas actitudes. Si no sales bien librado, no te angusties, es un cambio progresivo que tienes que aprender y practicar todos los días.
Para promover y estimular la inteligencia emocional de un niño a temprana edad conviene recordar primero que durante la primera infancia es vital ir formando al niño en relación a valores fundamentales como el respeto. Otro aspecto es la empatía; es importante “entrenar” al pequeño para lograr que tenga la capacidad de entender y llevarse bien con los demás.
Aspectos como la asertividad, la seguridad en sí mismo y la capacidad de comunicarse de forma efectiva, son aspectos fundamentales en el desarrollo emocional de un niño. Un niño asertivo tiene una emocionalidad sana, es capaz de expresar su opinión y defenderla, es capaz de decir “no” y no sentirse culpable por ello. Un niño seguro de sí mismo, es emocionalmente capaz de afrontar críticas, comentarios negativos, así como comentarios de otros. En definitiva, sabe lo que es y de lo que es capaz.
En relación a la comunicación, la inteligencia emocional parte de la idea de que el niño sea capaz de “conceptualizar” sus sentimientos y sus emociones y expresarlas de la mejor forma.
Por otro lado, las implicaciones de la inteligencia emocional en el desempeño escolar son indiscutibles. Para que el niño potencialice sus competencias, debemos promover ambientes emocionalmente sanos y para lograrlo, es necesario incluir metodologías educativas que visualicen al niño como un ser integral.
Básicamente, el estímulo de la inteligencia emocional en los niños les permite interactuar de forma sana, respetuosa, empática y tolerante con los demás y, con ello, ir construyendo una sociedad cada vez más sana emocionalmente.
Los ambientes afectivos en donde se desarrolle la competencia social de los niños generarán comportamientos positivos y adecuados, que harán factibles en este tipo de ambientes, además de desarrollar y eficientar la adaptación, la autopercepción del éxito y la aceptación de los otros, e, incluso “celebrar” las diferencias.
Los objetivos educativos han cambiado en los últimos años. De hecho, estamos viviendo un periodo de transición entre los objetivos educativos centrados exclusivamente en el conocimiento, hacia otros objetivos mayormente incluyentes, donde ya se integran, además de los conocimientos, una serie de competencias que mejorarán, en gran medida, el “perfil” de la humanidad.
Finalmente podemos decir que los logros afectivos y emocionales abarcan el trato interpersonal, la independencia, la disciplina, la responsabilidad, la autoestima, la comprensión de sí mismo y de los demás e, incluso, la alegría de vivir y el positivismo.
Ahora sabes que la inteligencia emocional es un camino viable para darles a tus hijos esas herramientas indispensables para la vida. Hay un sinnúmero de cursos y libros al respecto, que puedes consultar para generar tu propio sistema, de acuerdo con la personalidad de tu pequeño y empujarlo a decidir libremente con sus límites de respeto para él y para la sociedad que le rodea.







