Nadie sufre por amor. Esa es la certera conclusión del psicólogo argentino Horacio Valsecia con respecto a el por qué las mujeres sufrimos por amor cuando se acaba la relación, y pareciera que ya nada en nuestra vida tiene valor si no está nuestro enamorado.
Pero según Valsecia, sufrimos no por el amor en cuestión que vemos terminar, sino por vacíos no resueltos de la infancia. Es decir, lo que imaginaste de esa relación y lo que te proyectaste con ella, ya no seguirá; de ahí la pena y la frustración. En ningún caso el chico en cuestión.
Para el argentino, el otro sufrimiento tiene que ver con el amor propio, pues la pena viene por aguantar tratos que no mereces y por tratar de salvar tu pareja, y en algunos casos, tu familia, sin que tus planes resulten.

A muchas personas le causa una pena y frustración muy grande haber puesto todas sus energías en conquistar a la otra persona, en prestarle dedicación y no lograrlo.
Sabemos que el amor sin una gotita de sufrimiento, no es amor. Sin embargo, y para evitarte tantos malos ratos, el psicólogo aconseja al final de la relación, considerar los siguientes puntos:
- Conocerte a ti misma. Piensa qué cosas necesitas
- Analizar qué cosas te están entregando y qué te gustaría que te entregaran
- Observa tu historia familiar
- Revisar qué errores estás cometiendo nuevamente que están haciendo que las cosas no anden bien.
- Finalmente, piensa positivo. Recuerda que de amor nadie se muere. Y lo que pasó puede servirte siempre como una buena experiencia para superar errores y seguir adelante.
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